Lapatilla agosto 21 2026, 10:37 amPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Durante más de tres décadas, Estados Unidos ha demostrado una extraordinaria capacidad para crecer, innovar, superar crisis y continuar siendo la principal referencia financiera del mundo. Sin embargo, detrás de esa fortaleza existe una tendencia que debería preocupar tanto a republicanos como a demócratas: el crecimiento persistente de la deuda nacional. El problema no comenzó con un solo presidente ni puede atribuirse exclusivamente a un partido. Es el resultado acumulativo de decisiones políticas, crisis económicas, guerras, reducciones de impuestos sin recortes equivalentes del gasto, expansión de programas sociales, crecimiento de obligaciones permanentes y una burocracia que, una vez creada, resulta extraordinariamente difícil de reducir. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos Las cifras ayudan a comprender la dimensión del fenómeno. Aproximadamente, la deuda nacional pasó de US$4.19 billones al inicio de Bill Clinton a US$5.73 billones al terminar su administración; llegó a US$10.63 billones con George W. Bush; a US$19.95 billones con Barack Obama; a US$27.76 billones después del primer mandato de Donald Trump; y a aproximadamente US$36.2 billones al concluir Joe Biden. Pero sería intelectualmente incorrecto limitar el análisis a preguntar quién agregó más dólares a la deuda. Cada administración enfrentó circunstancias económicas diferentes y, sobre todo, tomó decisiones cuyos costos frecuentemente fueron heredados por la siguiente. Clinton: crecimiento, di
Fuente: La Patilla — Ver nota original