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En solidaridad con David Ortiz

La artera agresión con fines homicidas sufrida por el exastro del beisbol David Ortiz tiene impactada con pesar a la sociedad dominicana, reacción que se extiende al exterior con mayor eco en Estados Unidos, donde su carrera creció con hazañas deportivas y es también ídolo del gran público. La particularidad de sus méritos deportivose con igual comportamiento dentro y fuera del terreno de juego, y su dedicación a causas sociales conceden significación mayor al doloroso episodio y lleva a la sociedad, con preocupación y solidaridad, a poner su atención sobre la asistencia médica que recibe en un hospital de Boston.

La acción criminal de que fue objeto el Big Papi, como con familiar y admirado trato se le identifica, se suma con tristes relieves al registro negativo que en materia de seguridad afecta la a República Dominicana. El ataque de pistoleros en la concurrida avenida Venezuela resalta los riesgos impredecibles que también acechan al común de la gente en diversas circunstancias y lugares. Se procura matar por dinero o como repercusión de odios y contradicciones. Cuando el plomo de pretensión asesina toca a personas de estimación colectiva, la conmoción social deriva en grito de dolor y protesta contra las conductas antisociales que han sumado peligro a la vida de muchos dominicanos. Emana también de la nación. como otras veces, un reclamo de lucha eficaz de las autoridades contra el delito.

Correctivos que lleguen a tiempo

El Estado dominicano debe enfocarse con suficientes recursos en los jóvenes que pasan a sus manos por comportamientos contra la ley, notables numéricamente en hechos graves. La ampliación y remodelación de un recinto para alojar a menores de edad conflictivos en Santiago es un paso en la dire -cción correcta que merece una productiva continuidad. Las fallas sin solución del sistema educativo, la disfuncionalidad de hogares y la incapacidad de la economía en proveer empleos, suelen estar detrás de conductas perjudiciales a la sociedad en algunos de sus miembros, las que deben ser conjuradas con visión de futuro mediante esfuerzos de reeducación en ambientes de disciplina y convivencia, en los que se logre la aceptación con dignidad de cánones sociales sin violencia carcelaria. De lo contrario habría un efecto multiplicador de descarríos.